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Microplásticos y BPA: lo que sabemos y lo que puedes hacer hoy

8 min de lectura

Recipiente cuadrado despiezado mostrando la tapa, la junta de silicona y la base de vidrio

El tema llega mezclado con alarmismo y con publicidad, así que vale la pena separar lo que está establecido de lo que todavía se investiga, y quedarse con lo que sí depende de ti.

Qué pasó con el BPA

El bisfenol A es un compuesto que se usaba para endurecer plásticos y recubrir latas. En enero de 2025 entró en vigor el reglamento europeo que prohíbe su uso en materiales en contacto con alimentos, después de que la EFSA rebajara drásticamente la ingesta diaria tolerable en su evaluación de 2023.

Es decir: el debate sobre si el BPA debía estar en los envases está cerrado en la Unión Europea. Por eso «sin BPA» ha dejado de ser un argumento de venta y ha pasado a ser el mínimo legal.

Que un plástico sea «sin BPA» no significa que no tenga otros bisfenoles. Algunos sustitutos, como el BPS, se están estudiando por motivos parecidos.

Dónde aparecen los microplásticos en una cocina normal

No hace falta buscar mucho. Las fuentes domésticas más estudiadas son las tablas de cortar de plástico, los recipientes rayados, las botellas reutilizadas muchas veces y, sobre todo, el calor aplicado sobre plástico.

El calor es el factor que más se repite en la literatura: calentar comida en un recipiente de plástico en el microondas libera bastantes más partículas que guardarla en frío en ese mismo recipiente.

Tres cambios con efecto y uno sin efecto

Si solo vas a cambiar algunas cosas, que sean las que tocan calor y desgaste:

  • Recalentar en vidrio o cerámica, nunca en plástico, aunque ponga «apto para microondas»
  • Jubilar cualquier recipiente rayado, opaco o deformado: el desgaste es el que suelta partículas
  • Cambiar la tabla de cortar de plástico por madera o por vidrio si cortas a diario
  • Lo que no sirve de nada: pagar más por un plástico «premium» que va a acabar igual de rayado en un año

Por qué el vidrio resuelve el problema de raíz

El vidrio no se degrada con el calor ni con el uso. No se raya con el tenedor, no se vuelve opaco y no tiene un recubrimiento que se pueda perder. Un recipiente de vidrio a los cinco años es el mismo recipiente que el primer día, cosa que no se puede decir de ningún plástico.

La contrapartida honesta es que pesa más y se puede romper con un golpe seco. A cambio, el borosilicato aguanta el salto térmico del congelador al horno, que es justo lo que parte el vidrio común de un vaso de cocina.

Lo que no te van a contar en un anuncio

Cambiar los recipientes no te va a quitar los microplásticos de encima: están en el agua, en la ropa y en el polvo de casa. Lo que sí hace es eliminar una de las fuentes domésticas más directas y más fáciles de controlar, que es calentar comida caliente dentro de un plástico.

Es un cambio pequeño, barato y definitivo. No cura nada, pero tampoco hay que repetirlo cada año.