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Uso y cuidado

Del congelador al horno sin romper nada: la guía

5 min de lectura

El mismo recipiente en el microondas, el congelador, el lavavajillas y el horno

Pasar del congelador al horno es la ventaja concreta del vidrio borosilicato y lo que ahorra un cacharro por comida. Funciona, pero conviene saber dónde están los límites reales.

Congelar bien es dejar sitio

El agua se expande alrededor de un nueve por ciento al congelarse. Si llenas el recipiente hasta el borde con un guiso o una crema, la presión empuja contra el vidrio y contra la tapa.

Deja siempre dos centímetros libres arriba. Es la causa número uno de recipientes rajados en el congelador, y no tiene nada que ver con la calidad del vidrio.

Del frío al calor: lo que sí se puede

Puedes meter el recipiente congelado en el horno frío y encenderlo después. El vidrio sube de temperatura a la vez que el aire, y el borosilicato absorbe ese gradiente sin problema.

Lo que no se debe hacer es meterlo en un horno ya caliente a 200 °C. Aunque el material esté pensado para el choque térmico, no hay razón para forzarlo, y algunos fabricantes lo excluyen expresamente de la garantía.

La tapa nunca entra al horno ni al microondas. Es de polipropileno: se deforma bastante antes de que el vidrio note nada.

Las cuatro formas de romperlo

Casi todas las roturas que no son un golpe se explican por una de estas:

  • Llenarlo hasta arriba antes de congelar
  • Poner el recipiente caliente sobre una encimera fría de granito o mármol: usa un salvamanteles o un paño
  • Añadir líquido frío a un recipiente que acaba de salir del horno
  • Apilar las piezas sin nada en medio dentro del armario: el roce entre vidrio y vidrio crea microfisuras

Lavavajillas y juntas

Los recipientes van abajo, sin problema y a diario. Las tapas van en la bandeja superior, lejos de la resistencia, porque el plástico se deforma con el calor directo.

Cada pocas semanas, saca la junta de silicona y lávala suelta. Es donde se acumula la grasa, y es la única pieza del conjunto que se gasta con los años. Volver a colocarla lleva cinco segundos, con el reborde hacia dentro.